sábado, 27 de febrero de 2021

Información para los lectores

 Hola a todos, estamos recibiendo muchas peticiones para adquirir "La mañana de hoy. Luz" y desgraciadamente todavía no podemos ofreceros el libro.

Nos ha costado mucho tiempo poder acabar la historia y ahora que ya está terminada la situación del covid19 nos impide sacarlo a la venta hasta que la venta puerta a puerta sea segura para todos.

Entendemos que estéis impacientes por leer el desenlace después de tanto tiempo de espera, nosotros también estamos deseando que podáis hacerlo, pero vamos a tener que esperar un poco más.

Sinceramente, no sabemos si tras el verano mejorará la situación, si así ocurriera pondríamos la impresión del libro en marcha, pero si no es así habrá que posponerlo al año que viene o cuando la situación lo permita.

Estamos recopilando los correos electrónicos de todas aquellas personas que están interesadas en el libro para poder avisarlas cuando lo tengamos a la venta. Si aún no nos has facilitado tu correo electrónico envíanos un e-mail a edicionmarsupio@yahoo.es indicándonos tu localidad y te avisaremos cuando llegue el momento.

Gracias por vuestra paciencia.

Saludos de Juan y Cristina


lunes, 26 de octubre de 2020

Ya hemos encontrado ilustradora

Hace unos días os pedimos ayuda para encontrar ilustrador/a para la portada de nuestro último libro "La mañana de hoy. Luz" y al cabo de unos días ya nos propusisteis a varias personas.

Miramos sus trabajos y nos decidimos por llamar a uno de ellos. Hablamos con él, Alberto Belmonte, y nos dijo que tenía mucho trabajo, por lo que nos pasó el contacto de una amiga suya ilustradora que decía que podía hacer el trabajo.

Al leer el nombre de la chica, Cristina y yo supimos que la conocíamos. Se trataba de Sara Gabandé, una chica que conocimos en el 2015 mientras vendíamos nuestros libros llamando a las casas del centro de Jerez. Estuvimos hablando con ella y nos dio su tarjeta. Nada más terminar de leer el correo de Alberto, me puse a buscar la tarjeta que recordé que nos había dado aquella chica, pero no la encontré donde creía que podía estar. Al final, fui a mi cartera y allí estaba, mirándome nada más abrirla.

Meses antes, Cristina y yo habíamos hablado sobre quién podría hacernos la portada si al final nos fallaba el chico que en principio iba a hacerla y en la conversación salió Sara, pero, aunque dibuja muy bien, la descartamos porque el estilo de las ilustraciones que vimos en aquel encuentro no eran del estilo que buscábamos para nuestro libro. ¡Qué tontos! Un buen dibujante se adapta a cualquier estilo y nosotros descartamos a una buena dibujante por no mirar más allá ni pararnos a preguntarle si sería capaz de hacerlo.

La sabiduría de la vida te da este tipo de bofetadas, de vez en cuando, para demostrarte que lo que piensas no siempre es la realidad.

Han tenido que intervenir otras personas para que nuestro camino volviese a coincidir con el de Sara, a pesar de que ambos ya se habían encontrado cinco años atrás. El deseo del destino nos condujo a ella en una ocasión y ha movido sus hilos para reconducir nuestros caminos y que volvíesemos a encontrarnos.

Un ejemplo más de que lo que está escrito, escrito está y no podemos cambiarlo por mucho que nos empeñemos.

¡Bienvenida Sara!


miércoles, 18 de marzo de 2020

Reflexiones e indignación


Tercer día de confinamiento, salgo a la calle para ir al médico. Necesito que me recete unos analgésicos y por el camino me topo con una patrulla de la policía local y dos de la guardia civil. Nadie me para ni me dice nada: ¿por qué iban a hacerlo?, he salido para ir al médico, no estoy cometiendo ningún delito y termino la salida sin incidentes.
A las 17 horas  decido ir al supermercado. No he recorrido ni 100 metros cuando veo que una patrulla ha parado a un motorista. Sólo oigo que le dice que se ponga bien el casco y que vaya directo a casa. Miro la escena y el guardia del coche me da el alto. Espero a que aparque el vehículo  y se acerque a mí.
    -No entiendo por qué me para, voy al supermercado –le digo al chico de la moto.
    -Pues igual que yo –responde el muchacho, que se marcha en cuanto el agente le dice que puede irse.
    -¿A dónde va? –me pregunta en cuanto se acerca a mí, bien protegido con guantes y mascarilla, seguido por su compañero que también ha bajado del coche de la misma guisa.
    -Al supermercado –le respondo con la bolsa amarillo fosforito del Alcampo que llevo plegada en la mano, mientras pienso: es evidente a dónde voy, llevo una bolsa para la compra en la mano.
   -Usted no es de por aquí –me dice y me veo obligado a darle todo tipo de explicaciones que en realidad no deberían venir a cuento, pero el agente parece que se aburre y tiene que acosar al personal.
Tras el absurdo interrogatorio, ya sabe dónde vivo, por qué vivo ahí, a qué me dedico y adónde voy. Creo que no me llega a pedir el DNI para no tener que cogerlo y estoy seguro de que me he librado de que me ponga mirando a Cuenca y me haga una exploración rectal para ver si llevo armas de destrucción masiva en el intestino, porque teme que pueda ser portador del virus y lo contagie.
Una cosa es asegurarse de que la gente acata las normas de seguridad y otra muy distinta acosarlos como si fuesen delincuentes a punto de cometer un delito o terroristas con un cinturón bomba adosado a su cuerpo.
Si tienes dudas está bien que preguntes, pero no acoses a quién sólo intenta conseguir algo de comida.
Dos cientos metros más adelante me paró otra patrulla, de un cuerpo distinto, y me hizo la misma pregunta absurda, porque era evidente a donde iba con la bolsa en la mano, pero gracias a Dios se conformaron con mi respuesta y me dejaron marchar sin más problema, como debería haber hecho el agente inicial en lugar de extralimitarse en su cometido.
Me pregunto si someterá al mismo acoso a las personas que salen a sacar a su perro, ¿se imaginan?
    -¿A dónde va usted? –Preguntaría el agente con aires de superioridad.
    -Estoy paseando a mi perro –le diría la persona.
    -¿Es eso cierto? –Preguntaría el agente al perro para confirmar la versión del humano.
    -No señor agente –diría el perro-, me saca a pasear para tomar el aire. ¡Por favor libéreme de esta esclavitud! ¡Estos humanos ya no saben qué hacer para escapar del confinamiento, hoy es la octava vez que me saca!

Bromas aparte, está claro que debemos cumplir las normas que, según nos dicen, son para proteger la salud de todos los individuos y si es así no tengo ningún problema en acatarlas y si ese no es el objetivo real tampoco me voy a sublevar, porque ya sea por nuestra salud o por nuestra integridad física es mejor no llevar la contraria al poder, puesto que, tal y como está el patio, puedes acabar dando con tus huesos en la cárcel a la más mínima discrepancia.

Para nosotros es un engorro estar confinados, pero creo que es aún peor que nos traten como a criminales. Sea como sea, lo que es irrefutable es que desde que no salimos las calles están más limpias, excepto por las cagaditas de las pobres mascotas que los guarros de sus dueños no recogen. ¿Por qué a esos no los reprende ningún guardia, ni los persigue para adosarles una buena multa por no recoger los excrementos? Sería una buena fuente de ingresos para los ayuntamientos y obligaría a que la gente se concienciara. ¿Acaso no es un delito miccionar en la vía pública y no digamos lo otro? Si te paras a pensarlo, son millones de bacterias que cada día por cada perro, al menos dos veces diarias se depositan en la vía pública, sin contar los virus o los parásitos que pueden llevar como polizones, ¿qué pasa, qué eso no es una fuente de contagio? Lo es y muy grande, pero como no se contagia con la misma rapidez que el Covid19, pues no pasa nada. Pues para quien no se haya parado a pensarlo ahí va esta bomba: toda esa mierda lleva millones de gérmenes patógenos para el ser humano y como nos da asco procuramos no pisarlas para no llevarlas a casa, pero lo que no sabéis es que esas bacterias son esparcidas por las lluvias o por el simple rocío de la noche que moja la acera creando una película húmeda por la que las bacterias pueden desplazarse hacia zonas donde no se ve indicio ninguno de excremento, luego pasamos por ahí y nos lo llevamos en nuestros zapatos. Pero esto no es todo, cuando sopla viento parte de esa materia fecal es arrastrada por el aire y acaba entrando en nuestra nariz, nuestra boca, ojos, o impregnando nuestra piel y nuestras ropas. Después nos preguntamos por qué tenemos esta u otra infección, pues ahí puede estar la respuesta, pero tranquilos no es el covid19.
No recuerdo unas calles menos llenas de basura que cuando hace más de 30 años mi abuela y sus vecinas salían todas las mañanas a barrer y limpiar con lejía su parte de acera. No digo que retomemos las buenas prácticas cívicas de nuestras abuelas, que sería lo apropiado, pero por lo menos seamos limpios y depositemos cada tipo de basura en su contenedor correspondiente. Porque esa es otra, está el que todo lo tira al suelo y el que tiene un mínimo de conciencia, que lo tira todo al contenedor de orgánica. Todo por vagancia, porque no cuesta nada separar la basura y depositarla en su contenedor correspondiente, que encima la mayoría de las veces están unos al dado de los otros y si el del cartón o el vidrio está a 50 o 100 metros date un paseíto que es bueno para la salud. Pero no, los hay que se dejan una pasta en el gimnasio para correr en una cinta y luego les da pereza ir hasta el contener del vidrio o del cartón.
Hace ya un mes, hubo un derrumbe de basura que sepultó a dos trabajadores. Después la basura se incendió y los gases tóxicos llegaron a la población, que en seguida salió a manifestarse por la mala gestión de los residuos. Tenían toda la razón en ello, pero debían de mirar un poquito también su ombligo. Es cierto que la autoridad competente lo hizo mal, pero los únicos responsables de que esa basura existiera eran los ciudadanos que ahora se estaban comiendo los gases tóxicos y quién sabe si también bebiendo las aguas contaminadas. Si se hubieran dignado en separar los residuos y los hubieran depositado en sus respectivos contenedores, esa montaña tóxica sería una compostera gigante de la que se podría sacar toneladas de humus para fertilizar los campos en lugar de ser un peligro para la salud.
Otro beneficio del confinamiento es la limpieza del aire. En china han podido ver el azul del cielo después de décadas sin verlo, como suele decirse no hay mal que por bien no venga. Y no digo que haya que alegrarse por la epidemia sino que hay que intentar ver el lado positivo. Y es que es normal que el aire estuviese hecho una mierda, una vez más por nuestra vagancia. Cogemos el coche para ir al supermercado que está dos o tres calles más abajo y luego nos quejamos de lo caro que están los combustibles. Es lógico que suban, las grandes empresas sólo quieren beneficios y no se contentan con ganar mil millones al año, sino que al año siguiente quieren ganar dos mil millones y nosotros se lo ponemos a huevo. Mira como ahora el precio del petróleo está bajando, se usa menos el coche, bajan las ventas y como consecuencia se abaratan los precios, pero claro, da pereza ir a pie al supermercado, pero después mi hora del gimnasio que no me la quite nadie. ¡Somos literalmente idiotas! Y después del super tengo que recoger al niño del colegio, pobrecito, no vaya a ser que me lo secuestren por el camino o que se tuerza el tobillo por la caminata hasta casa, así que otra vez a por el coche. Seamos sensatos, si el niño tiene edad para tener móvil, ver por internet lo que le venga en gana y salir a la calle para estar con los amigo sin la supervisión de un adulto, tiene edad suficiente como para volver a casa solito y si no, pues te das un paseíto: haces ejercicio, fortaleces y estilizas las piernas y de paso recoges al niño del colegio. Te beneficias tú y lo beneficias a él, pues hace ejercicio contigo y le enseñas con el ejemplo. ¡Cómo va a hacer después caso en casa si al recogerlo lo estás tratando como si tuviese cinco años cuando ya es casi un adolescente! Quizás sea más alto que tú, pero si lo tratas como un a niño pequeño al evitarle que adquiera autonomía y responsabilidades, luego no te sorprendas ni te quejes si prefiere comportarse como el niño que has ido a recoger al cole.

Otra cosa que me resulta incomprensible de cómo se está tratando el tema de la epidemia son las medidas de protección que se están tomando, cuando se supone que a pesar de ser un virus muy contagioso resulta que para la mayoría, excepto para un grupo determinado de población que sí corre peligro, es como una simple gripe. No quiero decir que sean excesivas, toda precaución es poca cuando se trata de salud y es precisamente ese concepto el que me preocupa.
Hace una semana, Cristina y yo, al igual que otros muchos viandantes, caminábamos por la acera y en la acera de enfrente que daba paso una extensión de vegetación había dos personas ataviadas con mono blanco, guantes, gafas y mascarillas que no llevaban puestas, pero debían hacerlo mientras echan herbicida. Un producto tóxico para las plantas y para las personas porque de lo contrario, ¿por qué los operarios debían ir tan protegidos? Pues bien, corría el viento y todo el veneno acabó sobre Cristina, sobre mí y sobre el resto de los peatones. Nada más llegar a casa tuvimos que darnos una ducha y poner toda la ropa a lavar. ¿Qué pasa que no puedo pasear libremente por la calle porque hay un virus suelo, pero sí puedo caminar por donde se está echando veneno que me estoy comiendo literalmente? ¡Incongruencias de los gobernantes! Ambas cosas son igual de peligrosas y deben protegernos de ellas, ¿por qué entonces utilizar venenos para controlar el crecimiento de una hierba? ¿Y por qué nos empeñamos en matarlo todo con veneno? Utiliza medios más naturales y respetuosos con el medio ambiente y con las personas, que los hay. ¿No se puede desbrozar la hierba y ya está? Ah, no, que a la semana siguiente hay que volver a cortarla y con el veneno nos libramos durante unos meses el tener que contratar personal. Ahorremos dinerito de las arcas públicas que cuanto más ahorremos más incentivos tendremos a fin de mes los que lo gestionamos. No lo digo por decir, lo he vivido trabajando para la administración pública. Nos envenenan con herbicidas para ahorrar el dinero que después se va en incentivos y gastos innecesarios. Nos estafan en nuestras narices, pero no pasa nada, al año siguiente los seguiremos votando. ¡Qué va a ser de nosotros si no tenemos quien nos ordeñe! ¡Ve, veeehh!
Eso es lo que podemos ver a nivel de ciudadano, lo que no vemos, porque no lo tratamos directamente, son los venenos que echan a nuestra comida para evitar las plagas y no hablemos ya conservantes. Llegará el día en el que los cementerios estén llenos de cuerpos incorruptos, perfectamente conservados por Es artificiales. Si es que es normal que haya plagas cuando se cultivan hectáreas de una misma planta. La naturaleza es sabia y crea sus propios controles sobre la superpoblación de una misma especie, pero nosotros nos empeñamos en ir contra ella y sembramos tropecientas hectáreas de trigo, por poner un ejemplo, y la naturaleza dice: ¡el trigo nos invade! ¡A por él!... y los insectos que se alimentan del trigo empiezan a comer y como tienen comida de sobra empiezan a procrear y a procrear hasta hacerse una plaga que de forma natural neutraliza la expansión del trigo. A esto le siguen los pájaros que ven abundancia de insectos y se ponen a comer y a procrear y después vienen las rapaces y se ponen a capturar pájaros y al final el trigo es controlado, los insectos son controlados y los pájaros son controlados. Pero, ¿qué hace el hombre? Grita: ¡peligro los insectos se comen el trigo!... ¡veneno a discreción!... y matan a los insectos, los pájaros comen los insectos envenenados y también sucumben. Pero tranquilos, no pasa nada. Las grandes multinacionales tienen trigo de sobra para poder especular con él y vendérnoslo a precio de oro. ¡No! ¡No estoy sugiriendo lo que piensas! ¡Gracias a esas multinacionales nosotros podemos comer pan, pan envenenado, pero pan y a un precio superior al real, pero nos garantizan que nos muramos de hambre, de otra cosa probablemente sí, pero no de hambre, y además, ¡nos han librado de los molestos insectos y de esos estúpidos pájaros que me cagan el coche por la noche! Y ahora mejor todavía, están creando comida mutante que no pueda ser atacada por los insectos, no sé si será muy bueno, aunque si alguna noche descubro que puedo ver en la oscuridad por la luz que desprendo les daré las gracias porque así me ahorro encender la luz, que el recibo está cada vez más caro. ¡Veis! ¡Son todo ventajas!
Pero tranquilos, no nos preocupemos, mejor morir lentamente por el envenenamiento de la comida, del agua o del aire que respiramos que morir repentinamente por un virus.
Y si nos quedamos estériles como consecuencia de esos venenos, pues bien venido sea, tal y como está el mundo para que traer descendencia, le estaremos ahorrando sufrimiento a nuestros no futuros hijos.
Fuera ya de toda ironía, deberíamos replantearnos nuestra existencia en este mundo egoísta controlado por el dinero, representado por los todo poderosos banqueros y grandes mercados, no los de comida, si no los inventados para poder fabricar dinero con la especulación de los productos que necesitamos para vivir. Como nos está demostrando este virus, da igual el dinero que tengas, tus creencias, tu raza o tu inclinación sexual, para él todos somos iguales. Parece mentira que algo tan evidente deba demostrárnoslo un virus, cuando tendría que formar parte intrínseco de nuestro ADN mental.
Antes o después todos vamos a morir y yo prefiero ser recordado por mi simpatía (espero tener al menos un poquito) que por mi codicia, prefiero que me recuerden por aportar un granito de arena a facilitar la vida en este planeta que por ser dueño del mismo o de mil empresas. Prefiero disfrutar plantando un árbol que cuando crezca quién sabe si servirá para proteger del sol o de la lluvia a mis hijos o a tus hijos e incluso proveerlos de alimento, que ver como consigo que crezcan los números de mi cuenta bancaria, mientras contribuyo a la destrucción de las familias y del planeta.
Vivimos aislados del resto del mundo incluso en nuestro propio edificio, apenas nos relacionas con nuestro vecino de al lado y nos importa un bledo lo que les ocurra a los que están a cientos de kilómetros de nosotros, pero como estamos viendo ahora debe importarnos hasta el vuelo de una mariposa al otro lado del mundo, porque en su batir de alas, quizás nos esté alertando del peligro que se aproxima y del cual intenta escapar. Este planeta es esférico y al igual que si ponemos una gota de agua sobre un naranja y la hacemos girar podemos ver como la gota se reparte por su superficie, llegando a todas partes mientras la estemos moviendo, del mismo modo se comporta la Tierra y el perjuicio que hacemos en una parte de ella acabará llegando a nuestra puerta. Y cuando eso ocurra no importará que seamos multimillonarios porque quizás el que pueda ayudarte a salir del tormento sea el mendigo que te cruzas al ir a la oficina y al que miras con asco y desprecio.

martes, 14 de mayo de 2019

Convaleciente por ataque de perro


Aquellos que sean supersticiosos pensarán que los días número trece de cada mes hay que tener mucho cuidado con dónde se va y qué es lo que se hace, pero lo cierto es que la superstición es sólo eso, una creencia absurda, al igual que tantas otras como el mal de ojo, los conjuros, los hechizos y las maldiciones que gente malintencionada se vanagloria o jarta de tener el poder para hacer daño con sólo desearlo.
Lo que en realidad ocurre en estas creencias es que la misma persona que se las cree permanece atenta a cualquier hecho negativo que pueda ocurrirle en la vida y acaba achacándolo y dando crédito a esa superstición, hechizo, mal de ojo, etc.
A todos nos pasan cosas desagradables todos los días y si permanecemos atentos a esas pequeñas “desgracias” diarias podemos acabar pensando que alguien nos ha mirado mal y si, además, tenemos la mala suerte de conocer a una de esas personas que engañosamente dicen tener poder para hacer el mal o para detectarlo y nos dicen que alguien nos ha maldecido, pues acabamos creyéndolo al ir encadenando cada suceso negativo.
Por el contrario, si nos centrásemos en las cosas buenas que nos pasan a lo largo del día podríamos llegar a pensar lo contrario, es decir, que estamos bendecidos y tenemos buena estrella.
Todo depende de cómo lo enfoquemos, porque incluso una aparente desgracia puede ser en realidad una oportunidad para mejorar, si la miramos desde una perspectiva distinta, más positiva e incluso a largo plazo.
Después de toda esta parrafada os contaremos lo que nos pasó ayer, lunes 13. Estábamos vendiendo libros por Medina Sidonia o mejor dicho intentando venderlos porque fue una de esas mañanas bastante penosas, pero como digo hay que verla siempre desde un punto de vista positivo, pues quizás la venta sea mala, pero es posible que hayas encontrado en tu camino una persona agradable, una ayuda inesperada o simplemente descubierto un bonito lugar que desconocías.
En definitiva, que llamando a las puertas, bastante desiertas, vimos a un perro Braco de color entre marrón y ceniza, cuyos ojos claros de un amarillo extraño y pupila negra y diminuta no nos quitaba la vista de encima desde que entramos en la calle.
Tras haber trabajado mucho tiempo en el zoo con animales, sabía que debía evitar mirarle fijamente a los ojos, así que opté por no prestarle atención, gran error por mi parte.
El perro estaba subido en lo alto de los dos escalones que daban acceso a su casa, cuya puerta estaba abierta y en su interior había otro perro echado en el suelo.
Tocaba llamar a la puerta en la que el perro vigilaba, me alejé todo lo que pude de la puerta, dejando al menos metro y medio entre el perro y yo. Miré al interior de la casa intentando no mirar al perro. De reojo lo vi bajar los escalones y moverse hacia mí, pero como intentando esquivarme, a pesar de que yo permanecía bastante alejado de él. Sin emitir un solo ladrido se deslizó por mi derecha como intentando esquivarme y, en cuanto lo perdí de mi campo de visión, me atacó. Me mordió la pierna derecha, abrió dos orificios en mi pantalón vaquero y clavó uno de sus colmillos en mi gemelo.
Fue visto y no visto, con la misma velocidad que me atacó, me soltó y empecé a gritar.  El dueño, un hombre de unos 30 años, salió al oír mis gritos. Me preguntó qué había pasado y cuando le enseñé el gemelo chorreando sangre entró en la casa y volvió con un paquete de pañuelos de papel y un bote de alcohol.

Escarmentado tras el atropello que nos sucedió en 2015 y que aún no se ha resuelto por incompetencia de abogados y otros problemas, cogí el móvil con la mano que me quedaba libre, pues con la derecha apretaba la herida sangrante con el papel impregnado en alcohol, y llamé a 091.
Me atendió la Policía Nacional de Cádiz (yo estaba en Medina), que me dijo que estaban muy lejos para ayudarme, que llamase al 062 o al 092.
Llamé al 062 y me salió la Guardia Civil de Puerto Real, que me dijo que estaban muy lejos para ayudarme y que llamase al 092.
Un vecino pasa y le dice al dueño del perro: “¿otra vez?”.
Llamé al 092 y me salió la Policía Local de Puerto Real, pero yo estaba en Medina, y me dijeron que no podían ayudarme, que llamase al 112.
Llamé al 112, le relaté el suceso y me pasó con el 061 de Puerto Real. El servicio médico me dijo que me enviaban una ambulancia desde Puerto Real para llevarme al hospital de dicha localidad y acto seguido me pregunta que si quiero avisar a la policía. Le dije a la chica que sí, que quería una patrulla de policía porque alguien tenía que levantar acta del suceso, así que me pasa con la policía de Sevilla. Desde Sevilla los agentes se sorprenden de que la llamada de Medina Sidonia les llegue a ellos, me ponen más problemas y al final les digo que he llamado a un montón de gente y nadie me da una solución, la pierna me sigue sangrando porque tengo un agujero en el gemelo. Les hablo de la ambulancia que me han dicho que va a venir de Puerto Real a recogerme y me dicen que no, que eso no puede ser, que me vaya hasta el centro de salud y que ellos ya tomarán la decisión que sea más adecuada.
A todo esto, la sangre sigue saliendo y tengo que ponerme un poco alterado para que al final decidan ayudarme. Les digo que si tengo que cruzar todo el pueblo para llegar al centro de salud con la pierna sangrando acabaré desangrado. Parece que eso les hace encender una lucecita en su cabeza y deciden ponerse en contacto con la Policía Local de Medina Sidonia y con el centro de salud para, por fin enviarme una patrulla y una ambulancia.
A todo esto, el tipo amable y dueño del perro que me atiende se empieza a mosquear, se altera y comienza a ponerse agresivo. Me dice que yo lo que estoy haciendo es un paripé para buscarle la ruina. Dice que si le pasa algo a su perro por mi culpa que me va a buscar dónde esté y me va a matar. Intentamos razonar con él y no hay manera, nos sigue amenazando con matarme si todo aquello desemboca en algo trágico para el perro. Dice que él es legal y que avisa, que no es ninguna broma, con las mismas dice que tiene que prepararse para ir a trabajar y se mete en su casa.
Tras un buen rato de espera, Cristina y yo permanecemos solos en la calle hasta que por fin llega la Policía Local. Le contamos lo sucedido, incluidas las amenazas y el dueño del perro vuelve a salir con los documentos del cánido en la mano, antes de que la policía llame a su puerta. Me pide disculpas por todo lo que ha pasado y le digo que lo que no puede hacer es amenazarme de muerte por algo que ha hecho su perro. Se vuelve a poner agresivo y les dice a los agentes que sí, que es cierto, que me ha amenazado y que cumplirá su amenaza como le ocurra algo a su perro.
Cristina intenta razonar con él y el policía le dice que es inútil, que esa persona no está bien de la cabeza y que ya lo conocen, que su perro no es la primera vez que muerde a alguien.
Llega la ambulancia y el conductor, muy amable, nos lleva al centro de salud, nos acompaña hasta el registro de admisión. Desde la ventana del centro nos muestra dónde está el edificio de la policía, nos acompaña hasta la sala de enfermería y nos muestra la consulta del médico al que tenemos que ir después. Un diez para el conductor de la ambulancia, personas así deberían abundar más en la sociedad.
El enfermero desinfecta la herida con agua oxigenada, aplica una pomada antibiótica al agujero y venda la pierna.
Pasamos al médico, se sorprende de que el mismo perro haya vuelto a la acción. Parece ser que lleva acumuladas bastantes mordeduras, pero sigue ahí, en la calle y sin bozal. Se limita a hacer el informe y tengo que ser yo el que le pregunte que si me tiene que poner la antitetánica y si necesito tratamiento antibiótico. Acaba reconociendo que sí, que es conveniente poner la antitetánica, pero lo hace porque yo se lo he recordado. En cambio, me dice que no necesito tratamiento antibiótico, que con que me curen en el centro de salud todos los días y me pongan la crema antibiótica es suficiente. Su recomendación no me convence, pero es el médico.
El enfermero me vuelve a ver y me pone la antitetánica. Cuando termina, le pido una piruleta y me dice, ligeramente risueño, que me la dan abajo, que él me puede dar un depresor lingual. Le agradezco el gesto, pero le digo que prefiero la piruleta, así que le deseo buena tarde y salimos por la puerta, dónde descubro que hay un hombre sentado en la sala de espera frente a nuestra puerta riéndose por mi broma. Al menos a alguien hemos alegrado hoy un poco la tarde.
Después vamos a la comisaría donde debemos entregar el informe médico para dejar constancia a las autoridades del daño hecho por el perro y nos dicen que si queremos tramitar denuncia.
Les digo que tras la experiencia con la “justicia” no me apetece meterme en problemas por un agujero en la pierna, un pantalón roto y unas amenazas verbales, pero que me preocupa que ese perro vaya por ahí sin bozal. No quiero que le pase nada al animal, pues al final los animales son el reflejo de sus dueños. Si el dueño es amable y tranquilo el perro es afable y tranquilo, si el dueño es nervioso el perro es nervioso y si el dueño es un energúmeno agresivo el perro es un energúmeno agresivo como fue el caso, pues la amabilidad inicial no era tal, sólo pretendía conseguir que me fuese de allí sin que nadie se enterase de lo que había hecho su perro.
Total, que les dije a los agentes que si el animal ya tenía denuncias puestas que no iba a poner ninguna, pero que si nadie lo había denunciado estaba dispuesto a pensármelo, porque, la próxima vez, en lugar de atacar a un adulto podría hacerlo a un niño y podría ser mortal para el pequeño. Nos dijo que tenía varias causas abiertas por distintos motivos, así que opté por no complicar más la situación.


Hoy hemos ido a mi centro de salud. El enfermero, me cura la herida y la cubre con un apósito para que no se ensucie. Le pregunto que si no me va a poner crema antibiótica y me dice que con el antibiótico que me haya dado el médico es suficiente. Le cuento que no tengo ningún tratamiento y se sorprende. Asegura que tras una mordedura es conveniente tomar un antibiótico, porque no sabemos lo que el perro pudiera tener en  la boca, que está muy bien que el animal estuviera vacunado, pero que eso no evita que nos pueda transmitir alguna infección. Nos pone el ejemplo de un paciente que lleva meses teniendo problemas con una mordedura producida por una persona, con lo cual la mordedura de un perro es aún más peligrosa.
Habla con sus compañeros y nos consigue una cita con el médico. Otro diez para el enfermero.
La doctora nos pregunta qué ha pasado y si el informe del ataque ya está hecho o debe hacerlo ella. Me pregunta que si ya me han curado o aún no. Le digo que sí y me dice que aún así necesita ver la herida (algo que el primer médico no hizo, se limitó a preguntar lo que había hecho el enfermero y pasó de ver, él mismo, el destrozo). La inspecciona y tras ver que tiene buena pinta me dice que la observe, que si cambia de aspecto, hay dolor o supuración que vuelva antes de la próxima revisión de enfermería si fuese necesario y acto seguido me receta un antibiótico para que lo tome los próximos 7 días.



Toda una odisea que nos ha partido la semana. Tendré que estar en reposo, al menos, hasta el próximo lunes, porque cuando ando un poco más de la cuenta la herida comienza a sangrar.
Pero como he dicho al principio de este escrito, no hay mal que por bien no venga. Es cierto que nos dificulta enormemente llegar a fin de mes, pero a cambio tengo tiempo para continuar con la finalización de la tercera parte.
Para todos aquellos que la estáis esperando, no sé si os habéis dado cuenta de que en el apartado de “La Mañana de Hoy. Luz” hemos ido añadiendo el título de nuevos capítulos desde el mes de febrero y es que hemos reducido los días que salimos a vender para poder concluir la historia lo antes posible.
Es duro, porque la falta de ingresos te hace tener que prescindir de muchas cosas y te altera los nervios al ver que no llegas, pero es algo que antes o después teníamos que hacer, pues sois muchos los que lleváis años esperando la última parte del libro. Esperamos que nuestro gran sacrificio tenga la acogida que creemos que merece el final de la historia.

Para finalizar, esperamos que la redacción de esta pequeña "tragedia" os sirva para saber qué hacer y qué no, si por desgracia os encontráis en una situación similar.

viernes, 26 de octubre de 2018

Fotos con algunas lectoras

Durante nuestro caminar de este verano por Los Molares y Morón de la Frontera ha habido tres jóvenes lectoras que quisieron hacerse una foto con nosotros y hemos decidido compartirlas con todos vosotros/as.

Aquí aparecemos con Laura, nuestra nueva lectora de Los Molares (Sevilla)

Aquí con nuestra gran Mireya que estaba deseando tener la segunda parte de la historia entre sus manos y su hermana Noemí, a quien Mireya había contagiado el interés por nuestro libro. 
Tuvimos la fortuna de poder compartir unos momentos con sus padres e incluso nos enseñaron las bases para construir nuestra futura chimenea.
Encontramos bastantes buenas personas, como las aquí representadas en Morón de la Frontera (Sevilla). 


Muchas gracias a todas vosotras por permitirnos colgar estas fotos en el blog.

jueves, 2 de agosto de 2018

Aviso importante a los lectores/as


Queremos informaros de que a partir de ahora vamos a establecer un periodo de 7 meses como máximo para pasar con la segunda parte de la historia “Una Ventana al Pasado”, tras haber vendido “El Mañana de Ayer. Sombra”.
Hemos llegado a esta decisión debido a que la experiencia de estos 5 años nos demuestra que pasar más de una vez con la segunda parte, por las casas en las que se vendió la primera entrega, es un esfuerzo infructuoso y casi inútil por las siguientes circunstancias:

-Es muy complicado encontrar por segunda vez a la persona que nos compró el libro, por lo que en alrededor del 80% de las casas que visitamos no se encuentra la persona indicada y como consecuencia no podemos vender el libro.

-Dentro del 20% restante la mayoría aún no ha tenido tiempo de leerse la historia. Podríamos considerar que hemos pasado demasiado pronto y no le hemos dado tiempo a que lo lea. Debido a esto último hemos estado pasando hasta en cuatro ocasiones distintas en periodos que oscilan entre los 6 meses, un año, año y medio y hasta tres años y el libro sigue sin haber sido leído.

-La persona no dispone de medios económicos en ese momento para adquirir el libro y nos pide que volvamos unos meses más tarde. Es comprensible, todos pasamos malas rachas, por eso dejamos pasar el tiempo para volver más tarde. Resultado final, pasas varias veces a lo largo del tiempo y el resultado sigue siendo el mismo, el libro no se compra, por el mismo motivo o por una circunstancia nueva e imprevista, no está en casa, aún no ha cobrado, está leyendo otro libro, etc.

-La persona prefiere esperar a que la tercera parte esté acababa para poder leer las dos de una vez. Algo lógico, excepto por una pequeña nimiedad, si no nos compra la segunda parte no tendremos dinero para sacar la tercera y, además, al no conseguir dinero suficiente para pasar el mes debemos salir más veces a vender libros de la primera parte, lo que nos quita tiempo para concluir y sacar a la venta la tercera y última parte.

Como podéis comprobar, es un esfuerzo titánico en tiempo y recursos, que no da el fruto necesario para poder dedicar tiempo a terminar la tercera parte.
Por todo ello, hemos decidido dar un tiempo máximo de 7 meses para que el lector/a tenga tiempo de leer el libro y decidir si le interesa la segunda parte de la historia.

Si han pasado más de 7 meses y no hemos llamado a tu puerta, decirte que hemos estado, pero no estabas en casa. Si estás interesado/a en la segunda parte puedes pedírnosla en el correo edicionmarsupio@yahoo.es y te la enviamos por correo a casa.

Perdonad las molestitas, pero si seguimos intentando que los rezagados puedan comprar el libro en la puerta de su casa, todos/as aquellos/as que estéis interesados en la tercera parte tendríais que seguir esperando aún más.

Informaros también que ya no trabajamos con librerías, debido a que el ajustado precio del libro no nos permite concederles los beneficios que nos piden, por lo que sólo se puede conseguir la historia a través de nosotros.


Muchas gracias.

miércoles, 27 de junio de 2018

¡Basta ya de abusos!


Basta ya de abusos, de vejaciones, de malos tratos sicológicos y físicos. Basta ya de criticar, de menospreciar a los demás, ya sea por su físico, su sexo, su raza, religión o intelecto, por su nivel de riqueza o de pobreza.
Basta de insultar a los demás porque nos parezcan feos, gordos, flacos o pecosos. ¿Qué te pasa? ¿Acaso te duelen los ojos cuando ves mi “fealdad”, mi “gordura”, mi “escualidez”, mis pecas o el color de mi piel? No, claro que no. No sientes dolor al mirarme, ¿quizás sientas asco? Pues, lo siento mucho, pero yo no elegí ser así y tengo que vivir con ello, me guste o no, así que trágate tu vómito y disfruta del sabor de tu propia asquerosidad. Además, ¡a ti que te importa cómo soy o dejo de ser! Vive y deja vivir, porque hoy te ríes de mí, pero mañana quizás sean otros los que se descojonen de ti, porque tu guapura de hoy, puede convertirse en tu fealdad mañana. Tu éxito actual puede transformarse en tu decadencia futura, en tu maldición, en tu dolor. Porque como se suele decir “a todo cerdo le llega su San Martín”.
¿A qué viene todo esto os preguntaréis? Pues a que estamos cansados de ir puerta por puerta vendiendo nuestros libros y descubrir la inmundicia en la que se encuentran multitud de buenas personas.
¿Y qué nos importan a Cristina o a mí las desgracias ajenas pensaréis? Pues nos importan mucho, porque nosotros no sólo vendemos un libro, vendemos nuestro trabajo. Un trabajo lleno de experiencias propias, de lecciones aprendidas con dolor y esfuerzo, con miles de miedos a los que hemos tenido que hacer frente para poder superarlos y a millones de lágrimas derramadas durante el aprendizaje. Y claro que nos importa el sufrimiento que vemos en las buenas personas que encontramos tras algunas puertas, porque en cada una de esas personas hay una pequeña de parte de Cristina y una pequeña parte de mí, porque esas personas han sufrido o sufren situaciones y vivencias que también hemos vivido nosotros, a eso se le denomina empatía. Alguno de vosotros/as quizás desconozcáis el significado de empatía,  pues es la capacidad de ponerse en la piel de la persona que tienes enfrente y de comprender su dolor, porque tú ya pasaste por esa experiencia o por una similar y sientes una necesidad incomprensible de ayudar a esa persona que está sufriendo.
Hemos de decir que la empatía es algo de lo que carece el 99% de las personas que nos encontramos día a día y, aunque no lo creáis, es un gran problema para esas personas no empáticas porque significa que tendrán que superar muchos problemas y enfrentarse a muchas situaciones dolorosas para poder llegar a aprender y a sentir el significado de esa palabra tan extraña.
Volviendo al tema, en estos 5 años de andadura hemos encontrado cientos de personas que viven alguna situación dolorosa producida por una pareja dominante y machista, ya sea hombre o mujer, que de todo hay, un hermano/a, un vecino/a, un compañero/a de trabajo, un jefe/a, etc.
Piensa el acosador o maltratador que por ser hombre tiene derecho sobre su pareja e hijos y que ellos tienen que acatar sus deseos y sus órdenes sin rechistar por el mero hecho de ser el hombre de la casa, el macho dominante. ¡Cuán equivocado está! Ser un hombre no es tener un colgajo entre las piernas, es saber escuchar, ser capaz de comprender a los demás, dar a cada cuál el sitio que le corresponde, tener la capacidad de ayudar y proteger al necesitado o al desvalido, tenga la identidad sexual que tenga, ser capaz de llorar cuando siente la necesidad de hacerlo, sabiendo que las lágrimas derramadas no son su flaqueza sino el agua que depura y renueva su ser, que le limpia el dolor y le da la fortaleza que necesita para seguir adelante. Ser hombre es ser compasivo con uno mismo y con los demás, es ser generoso, es no avergonzarse de quien es ni de lo que siente.
En cambio, ese “ser” machista y dominante que se autoproclama “Hombre” no es más que un despojo, un desecho, un residuo que no merece ser considerado miembro de la especie humana y ni si quiera parte del reino animal, porque los animales no hacen daño por el placer de hacerlo, simplemente siguen sus instintos de supervivencia para alimentarse o para procrear y carecen de una mente que les haga discernir entre el bien y el mal. Aunque hay animales que de animales sólo tienen el cuerpo, porque sus comportamientos son bastante humanos.
También nos encontramos con mujeres que se comportan como el ser despreciable que acabo de describir, confunden reclamar su lugar en el mundo, defender su identidad femenina con el papel que desempeña el “Hombre”, ese ser orgulloso de su entrepierna. Reclamar los derechos de la mujer no es transformarse en ese ser despiadado, machista y autoritario que se autoproclama “Hombre”. Ser mujer es exactamente lo mismo que ser hombre, es decir, es ser compasiva, buena persona, generosa, protectora con los débiles, tener la capacidad de llorar sin sentirse débil, ser capaz de vivir su vida sin tener que dar explicaciones a nadie, etcétera, porque en realidad ser hombre o mujer es exactamente lo mismo, es ser persona.
Esa persona que daña, acosa o abusa de otra persona no tiene ni idea del daño real que le está haciendo a su víctima. Quizás le vea los moratones en la piel, el miedo que le infunde reflejado en sus ojos, en su comportamiento esquivo y complaciente que intenta evitar a toda costa el conflicto para que no la insulte, la degrade o la ataque físicamente. Quizás sea consciente del temblor de su voz cuando tiene que dirigirse a él/ella para cualquier asunto, o el de sus manos, que miedosas e indecisas tiemblan en su presencia. Quizás la vea llorar o gritar de dolor, pero lo que no ve, lo que no sabe es que al mismo tiempo que la domina la está empujando hacia la enfermedad. Y no nos referimos a una enfermedad mental, que también, porque cuando alguien te acosa a cada segundo de tu vida, tu mente comienza a desconfiar hasta de tus propias emociones y de tus propios sentimientos. ¿Tendrá razón? ¿Seré esa persona inútil que dice que soy? ¿Estaré exagerando las cosas? ¿Seré yo el/la culpable de que me trate así? ¿Mereceré que me grite, me insulte y me pegue porque no me porto bien con él/ella?
Sí, la persona en una situación como la que acabo de describir comienza por echarse la culpa de todo aquello que el pasa, pero ella no tiene culpa de nada y, a pesar de todo, su mente se culpa, pues el maltratador/a ha conseguido el primer paso: conseguir que la mente de la víctima enferme y no sea capaz de ver la realidad de su situación. El segundo paso es la enfermedad física que la persona acosada o maltratada acaba desarrollando tras una larga situación de sumisión y maltrato.
Con respecto a esta afirmación de que la enfermedad física está relacionada con el maltrato es muy probable que penséis que estamos exagerando, que nos estamos metiendo en camisa de once varas, que no somos médicos para decir tal cosa. En cierto modo tenéis razón, no somos médicos, sólo una administrativa y un técnico en laboratorio con algunos conocimientos de medicina, pero no llego a tanto. Eso sí, tenemos a nuestro favor que no nos conformamos con la primera explicación que encontramos, buscamos, comparamos, nos informamos e intentamos comprobar con nuestra propia experiencia si algo es así o no, nunca damos nada por sentado. Es algo muy recomendable, buscar respuestas por uno mismo para que una vez encontrada toda la información discernir cuál es verídica y cuál no. Lo que sí que es cierto es que la mayoría de las personas que encontramos en nuestro camino y que han pasado o están pasando un cáncer o enfermedad grave curiosamente, han vivido una experiencia traumática previamente al diagnóstico del cáncer/enfermedad o la están viviendo en el momento del diagnóstico y cuando hablamos de experiencia traumática nos referimos a situaciones de maltrato sicológico, físico y a situaciones familiares (perdida de hijos por muerte, discusiones o porque están lejos de ellos, por no poder tenerlos, rencillas entre familiares), laborales (pérdida del trabajo, acoso laboral) e incluso económicas (deudas que no pueden pagar) que estas personas son incapaces de superar.
Pensaréis que son coincidencias, pero ¿tantas coincidencias son posibles? Para Cristina y para mí está claro que no. Creemos firmemente que existe una relación directa entre el padecimiento de enfermedades, incluido el cáncer, y los problemas a los que nos enfrentamos día a día y que no conseguimos superar. Además, incluso la medicina admite que el estado de ánimo influye en la salud de las personas. Aquellas personas que son felices enferman menos que las que están pasando dificultades.
Me diréis que es normal que una persona infeliz esté inmunológicamente más débil y esa circunstancia la predisponga a enfermar con más facilidad que la que tiene el sistema inmune en perfecto estado, pero que entre eso y afirmar que un cáncer se pueda desarrollar por pasar una mala situación, por muy mala y desoladora que sea, hay un abismo. Es posible, pero la comunidad médica admite que una persona que tenga en su ADN los genes que la predisponen a un cáncer puede desarrollar o no la enfermedad dependiendo de las causas ambientales a las que se exponga, de modo que si no hay nada que active esos genes el cáncer no aparecerá y la persona morirá de vieja o de otra enfermedad que no tiene nada que ver con el cáncer. Hablar de causas ambientales que activen los genes es algo muy amplio: pueden ser sustancias químicas en el ambiente, radiaciones solares o de otro tipo e incluso situaciones de estrés, y un acoso o un problema grave al que no se le ve solución es una gran situación de estrés.
Cada cual que piense lo que quiera, pero nosotros creemos que la información es poder y cuanto mejor se esté informado de todo, sobre todo en salud, mucho mejor.
Existe un médico al que se le ha difamado e incluso encarcelado por afirmar que el 90% de los cánceres tienen origen en un trauma o conflicto que ha tenido o tiene la persona que desarrolla el cáncer y el 10% restante se debe a herencia genética y causas ambientales como la exposición a radiaciones o sustancias químicas. Este hombre es el doctor Alemán Ryke Geer Hamer que en los años 80 hizo este descubrimiento tras analizar y estudiar multitud de casos de cáncer en el hospital en el que trabajaba. Este hombre relacionó los tipos de cánceres de sus pacientes con los problemas o los conflictos que ellos tenían. ¿Cómo se le llegó a ocurrir hacer esta relación? Pues, hizo su gran descubrimiento tras contraer cáncer de testículos tras la muerte de su hijo Dirk.
En sus libros “La génesis del cáncer” y “Cáncer de mama” explica sus descubrimientos.
Tanto él como su mujer desarrollaron cáncer tras la muerte de su hijo. Su mujer no consiguió superarlo, pero él sí que se curó y se recuró por completo tras resolver su conflicto, la pena que le había producido la muerte de su hijo.
Si buscáis información en internet y sobre todo si leéis sus libros descubriréis cómo lo hizo y cómo cualquier persona puede curarse sin cirugía, quimioterapia o radioterapia.
Pensaréis que si esto es así, ¿por qué siguen muriendo millones de personas en el mundo por cáncer? La respuesta es sencilla, existen intereses económicos centrados en convertir la enfermedad en crónica, porque así se puede conseguir más dinero de ella que curándola. Sólo tenéis que buscar por internet.
Estamos convencidos de que pensaréis: ¿cómo es posible que podáis saber de maltrato y de enfermedades relacionas con situaciones difíciles?
La respuesta es muy simple, sólo el maltratado puede hablar realmente de lo que es el maltrato. Tanto Cristina como yo hemos sufrido situaciones de acoso, maltrato o injusticias en el colegio, en la familia, en el trabajo y por supuesto puerta a puerta y ambos hemos sufrido alguna enfermedad que como el doctor Hamer afirma son el resultado de ese tipo de problemas o conflictos.
¿Qué tipo de sucesos son esos? Eso queda para nosotros. No es bueno airear los trapos sucios, pero sí que tenemos bien clara una cosa y es ayudar en la medida de nuestras posibilidades a esas personas que encontramos en nuestro camino y que a día de hoy están pasando por alguna de las duras situaciones que nosotros mismos sufrimos.

Esperamos que toda esta parrafada os sirva para algo en vuestras vidas.

Recordad que ante cualquier problema o dificultad no es de cobardes pedir ayuda, pero mirad bien a quién solicitáis esa ayuda para que la situación no se vuelva aún peor.

Sacad la fortaleza que lleváis dentro y no dejéis que nadie os coaccione, chantajee u os haga daño.  

En definitiva, ser buena persona y agradable hacia los demás no cuesta nada y vale mucho.

Hagamos el mundo mejor tratando a los demás como nos gusta que nos traten a nosotros.

Todos tenemos problemas, pero no dejemos que nos amarguen la existencia y sobre todo no dejemos que esos problemas perjudiquen a las personas que nos encontramos en el camino y que no tienen nada que ver con ellos.

viernes, 26 de mayo de 2017

Dedicado a tí, "Pirata"

No teníamos ni idea de que nuestro esfuerzo diario de vender nuestro libro puerta a puerta fuese tan poco valorado por algunos lectores.

Quizás piensen que ganamos miles de millones de euros vendiendo nuestro libro, pero la realidad es que nos da lo justo para llegar a fin de mes. Es por eso que hoy nos hemos sentido indignados y traicionados por el lector o lectores que han dedicado su tiempo en escanear nuestro libro página a página para luego ofrecerlo gratuitamente en una página de descargas.

Este escrito va dirigido a ti lector, que tanto te gustó la historia que decidiste compartirla gratuitamente con todo el mundo. No sé si sabrás el tiempo que empleamos en escribir éste libro, así que déjanos que te informemos: el libro cuyo valor has despreciado, a pesar de haberte gustado, nos costó escribirlo cuatro años, más otros dos de ahorro para poder publicarlo y llevamos otros cuatro intentando ganarnos la vida con él puerta a puerta.
Imagina nuestra sorpresa al ver que en internet estaba colgado desde hace algo más de un año y que en este tiempo se han producido casi doce mil descargas sólo en pdf, cuando nosotros en cuatro años no hemos llegado en ventas ni a una sexta parte de dicha cifra.
Si sumamos todos los formatos descargados son más ciento sesenta y seís mil libros en poco más de un año y eso sólo en una de las páginas.
No tienes ni idea del esfuerzo que hemos tenido que hacer para poder hacerte llegar el libro a tu casa.
Hemos aguantado malos modos y malas caras, portazós, calor, frío, hambre, sed, dolores de piernas, de cabeza, de espalda, de todo nuestro cuerpo y aún así hemos tenido que seguir con una sonrisa en la cara para que la persona que en cada momento esté delante sólo perciba la información que les damos sobre el libro.

Hemos de informarte que las páginas que ofrecen el libro ya han sido denunciadas y no descartamos tomar más medidas legales en cuanto descubramos la dirección original desde la que se colgó el libro en internet.

No nos podemos creer que haya gente tan insensible y con tan pocos escrúpulos como para robar a un mendigo, pues aunque no pidamos limosna, ir puerta a puerta da esa sensación. Además, por nuestro nivel económico no estamos muy alejados de él y con dignidad intentamos ganarnos el pan día a día con el sudor de nuestra frente, sin robar ni herir a nadie.

Quizás pensaste que no nos hacías ningún daño, pero gracias a ti hay muchas personas que tras nuestra visita, nos dice que le echará un vistazo al blog para mayor información y que después nos llamará para comprar el libro. Pero claro, gracias a ti, su "Robin Hood" particular, echan un vistazo en internet y descubren el archivo gratuito que nos acaba hundiendo la venta y la posibilidad de acceder a una mejora en nuestra situación, que nos permita tener el tiempo necesario para poder terminar de escribir la historia con la última parte, que tantas personas llevan desde hace más de tres años esperando.

Si esas doce mil personas nos hubieran comprado el libro en el último año, a día de hoy estaríamos publicando "La Mañana de Hoy. Luz", pues nos hubiera permitido dejar de salir a vender a la calle y tener el tiempo necesario para finalizar la historia.

Si querías que la gente leyese la historia podrías habernos ayudado a difundirla con tu comentario o con la difusión de tu opinión sobre el libro en las redes sociales y hoy te estaríamos eternamente agradecidos en lugar de estar bastante molestos contigo.

De todas formas, si al menos te quedaste con una mínima parte de la esencia de la historia, ya sabrás que en esta vida toda acción tiene su reacción: el que obra bien recibe algo bueno y el que obra mal, ya sabés que recibirá. Es la ley del Karma.

Por otra parte, el haber tenido tantas descargas en un año nos halaga, porque nos indica que la historia es buena y gusta al lector.

Para todos aquellos lectores que no actuáis de esta forma tan vil, perdonad este escrito, pero necesitámos desahogarnos de algún modo.

domingo, 18 de septiembre de 2016

Entrevista para Caocultura

Este pasado mes de Julio al llamar a la puerta de una casa en el pueblo de Benaocaz nos abrió el escritor José Manuel Benitez Ariza, al cual no conocíamos.
Se interesó por nuestro libro y nos confesó que le sorprendía nuestra forma de promocionarlo, así que nos propuso que su mujer, la periodista Mª Ángeles Robles, nos hiciera una entrevista.
Aceptamos y el resultado lo podéis ver en el siguiente enlace http://caocultura.com/libros-puerta-puerta-una-vida-novela/

Muchas gracias José Manuel y Mª Ángeles por vuestra simpatía y por la entrevista.

jueves, 14 de abril de 2016

La Mañana de Hoy. Luz

Estamos poniéndonos las pilas para acabar cuanto antes "La Mañana de Hoy. Luz" .
Llevamos unas 700 páginas escritas y aún quedan algunos capítulos por concluir.

Sé que la espera valdrá la pena, pues creo que la tercera parte será mejor que las dos anteriores y, para que veáis que cada vez falta menos, quiero compartir con vosotros los títulos de los capítulos que ya tengo escritos y que son los siguientes:

Destierro
Triste Noticia
Alicia
Arcoíris de Fuego
El reencuentro
Conspiración
El Rescate
Vostock
Miedos 
Lecciones de Vida (febrero 2017)
Esencia Vital (abril 2017)
Almas Gemelas (mayo 2017)
Lazos Ocultos (marzo 2018)
Despedida (febrero 2019)
La encarnación del mal (marzo 2019)
Claridad Infinita (marzo de 2019)
Punto Muerto (abril de 2019)
La Alianza (mayo de 2019)
Alegrías compartidas (junio 2019)
Decepción: semilla de esperanza (agosto de 2019)
Evolución del Mal: Luz Negra (octubre de 2019)
Falsas apariencias (noviembre de 2019)
El Pacto (enero de 2020)
Mensaje Cifrado (enero de 2020)
Venganza (marzo de 2020)
El Poder de la Oscuridad: mentiras, engaños y traición (mayo de 2020)
Revelaciones (en proceso)



En la historia habrá muchas sorpresas, personajes nuevos, intriga y giros inesperados, con los que espero que la historia sea entretenida, divertida y educativa.


Si queréis que os informemos cuando el libro esté terminado para la venta enviadnos un correo a edicionmarsupio@yahoo.es y en cuanto esté listo os enviamos un correo para avisaros.

Gracias a tod@s por las felicitaciones que nos dais cuando volvemos a pasar por vuestras casas con la segunda parte de la historia.



domingo, 14 de febrero de 2016

Dedicado a todas esas personas que nos dedican un poco de su tiempo.

Cuando tocamos las puertas de la gente nunca sabemos lo que nos vamos a encontrar. La gente suele sentir miedo y desconfianza hacia la persona que toca su puerta, pero olvidan que ellos se encuentran seguros en el interior de su humilde castillo, mientras que nosotros estamos en la calle o en el rellano, un lugar no tan seguro. Además, cada vez que llamamos a una puerta, desconocemos por completo a quién nos vamos a encontrar y no sólo me refiero a las personas que viven en su interior sino también a los animales que les hacen compañía, algunos de ellos verdaderos peligros para el desconocido que llama a la puerta. De hecho, alguna que otra vez nos hemos visto en peligro por culpa de alguno de esos animales que salen despavoridos hacia la puerta cuando su amo abre la cerradura.
En una ocasión incluso me llevé una mordida, por suerte era invierno y sólo consiguió agarrarme la manga del polar, aunque llegué a sentir la presión de sus dientes en mi muñeca. Lo peor del incidente no fue el susto que me dio el perro, si no la reacción de sus dueños: “cierra la puerta” –dijo la mujer-, “no deben ser buenos cuando el perro le ha atacado”. Estas palabras tuvimos que comernos cuando acababa de atacarme el animal y sus dueños, tras retirar al perro, nos cerraban la puerta en las narices sin interesarse si el animal me había hecho daño y sin dignarse a darme ni una palabra de disculpa. Algo similar le ocurrió a Cristina, también con otro cánido, sólo que a ella la mordida fue en el tobillo y tampoco llegó a perforarle la piel.

Es muy frecuente que no nos abran la puerta y suele suceder que las conversaciones animosas e incluso, a veces, el jolgorio que se escucha al otro lado del umbral se convierte en un silencio casi sepulcral nada más tocar el timbre.
Unas veces no se escucha nada más, pero sabemos que alguien nos observa a través de la mirilla, en otras ocasiones se escuchan unos pasos que, a pesar de llevar la intención de ser silenciosos no llegan a serlo, otras, se oye la abertura de la mirilla y en contadas ocasiones tras el silencio se oye la voz inocente de un niño o niña que dice a su madre: “¡mamá abre, que han llamado a la puerta! ¡Mamááá´…! ¡Abreeee…!”. Si la madre o el padre, descubiertos por la inocencia de su hijo/a, sienten un mínimo de vergüenza  te abren la puerta. A veces, escuchan lo que tienes que decir, pero la mayoría de las veces te despachan con un “me pillas en mal momento”, “estoy dando el pecho a mi hijo”, “tengo al niño en la bañera”, etc. Sabes que te ha mentido, le das las gracias por abrirte la puerta y te marchas. Pero, la gran mayoría de las veces la puerta no se abre, a pesar de la insistencia de esa personita que desesperada sigue diciendo a su progenitor que abra la puerta y tras esa insistencia se suele escuchar el llanto desconsolado de ese inocente que ha sido castigado con un cachete por descubrir que hay vida tras la puerta.

Por cosas como estas, Cristina y yo queremos agradeceros las palabras de ánimos que nos dais cuando irrumpimos en vuestros hogares, pues, tras tocar vuestras puertas, nos acogéis con simpatía, buen agrado y disposición para oír lo que tenemos que decir. Nos compréis el libro o no, agradecemos enormemente vuestra simpatía y apoyo.
Quisiéramos mencionar algunas de esas demostraciones de cariño y simpatía:
-Hace unos meses al llamar a la puerta de una casa, nos abrió una mujer y nos dijo que tenía poco tiempo, estaba a punto de marcharse al hospital para cuidar de su madre enferma. Aún así nos atendió y tras oír el argumento de nuestro libro decidió comprarlo. Hace unas semanas volvimos  a su casa para ofrecerle la segunda parte de la historia. Esperábamos recibir las respuestas habituales: no he tenido tiempo de leerlo, ahora no puedo atenderte, pásate otro día que aún no he cobrado…, pero nos acogió con entusiasmo y nos confesó que aquella misma noche se había llevado el libro al hospital y la historia la había atrapado. Nos dijo que llevaba tiempo esperando que volviésemos a pasar por su puerta para conseguir la segunda parte del libro.
-En otra ocasión, pasamos con la 2ª parte del libro por casa de una enfermera. Llamamos al telefonillo y nos identificamos. Al otro lado se oyó un grito de alegría. Mientras esperábamos que nos abrieran el portón de acceso al patio que precede a la vivienda, nos pareció oír a un niño gritar de alegría mientras se dirigía a saltos hacia la verja. Nuestra sorpresa fue mayúscula al descubrir que no se trataba de ningún niño, si no de aquella enfermera que meses atrás nos había comprado la 1ª parte del libro. Alabó el libro y se sorprendió de que una historia tan buena no fuera más conocida porque ninguna editorial se había interesado por ella.
-Hubo un hombre que nos compró el libro más interesado en hacernos un favor que en el argumento que yo le había narrado y así nos lo hizo saber: “dudo mucho que me guste la historia, pues no es lo que suelo leer”. Pues bien, hace unas semanas pasamos por su casa para ofrecerle la continuación de la historia, con la sensación en nuestra mente de que no le iba a interesar, pero llamamos al telefonillo y nos hizo subir hasta su casa. Nada más abrirnos la puerta nos dio la enhorabuena por el libro y dijo textualmente: “es una maravillosa historia de amor que todo el mundo debería conocer. Ha sido un placer leerte. Claro que te compro la segunda parte, ¿cuándo vale?”. Doce con cincuenta, le dije. “Con gusto los pago” me respondió. “Felicidades y cuando tengas otro libro estaré encantado de leerte”. Me tuve que esforzar para no llorar. Sus palabras me emocionaron tanto que mis ojos se llenaron de lágrimas y tuve que hacer un gran esfuerzo para no derramarlas frente a él.
-Hace unos meses conocimos a Miguel, un chico que creo recordar no llega a los diez años, pero que nos ha llenado el corazón con su entusiasmo. Su madre nos abrió la puerta y se interesó por el libro, me preguntó que si le iría bien a su hijo y le dije que si era más despierto que los chicos de su edad entendería el libro. La madre le hizo venir a nuestra presencia y le relaté el argumento del libro. Su mirada se iluminó tras escucharme y le dijo a su madre que le interesaba. Ella accedió a comprarlo, pues a pesar de su corta edad, a Miguel le encanta ver documentales de ciencia y leer libros destinados a un público de mayor edad que la suya. Estuvimos un buen rato hablando con sus padres y descubrimos que Miguel tiene una mente mucho más madura y despierta que la edad de su cuerpo.
La semana pasada volvimos por su casa, llamé al portero y me identifiqué frente a la voz de un niño, “¡Mamá, mamá! ¡El escritor de libro!” –gritó con entusiasmo mientras pulsaba el botón para que entrásemos en el portal. Al llegar a su puerta nos recibieron él y su madre. El chico estaba entusiasmado con nuestra presencia,  incluso fue a buscar el libro para enseñarnos por dónde iba leyendo. Nos dijo que le estaba encantando, pero que no había llegado más lejos porque con tantas actividades sólo tenía los sábados para leer.  Nos dijo que le gustaba mucho que el libro tuviera palabras científicas y le gustaba aún más que en la misma frase se explicase su significado porque así no tenía que consultar el diccionario sino que aprendía su significado simplemente con seguir leyendo. Me llenó de orgullo que aquel chico me confirmase que mi forma de plasmar aquellas palabras con sus definiciones integradas en el texto de los personajes estuviera cumpliendo mi objetivo de enseñar un poco de ciencia sin llegar a aburrir.

-Esta última semana ha sido una de las más difíciles de este mes para vender libros, pero también la más satisfactoria gracias a tres de esos fantásticos lectores. En primer lugar visitamos a Carmen, una chica de 11 años cuya madre es profesora de primaria. La semana pasada estuvimos en su puerta, pero su madre nos pidió que volviésemos ésta para que Carmen estuviese presente cuando le llevásemos la 2ª parte del libro, pues ella misma había informado a su madre de la existencia de dicha continuación y su deseo por conseguirla.  Llamamos al telefonillo y nos atendió Carmen, la ilusión se notó en su voz cuando sin soltar el auricular informó a su madre de nuestra llegada. Una vez en su casa, la chica se mostró tímida, pero ilusionada. Su madre nos comentó que a ella también le gusta escribir y dibujar, es una pequeña artista en potencia.
He de admitir que me puse bastante nervioso mientras su madre nos contaba lo mucho que a su hija le había gustado el libro, por lo que mi mente se bloqueó y mi dislexia hizo acto de presencia. Estuve un buen rato intentando deshacer ese nudo en mi cerebro y escribir la palabra correctamente, pero creo que al final mi dislexia se impuso y el significado de dos palabras distintas, pero similares en escritura acabaron por mezclarse y creo que al final te dejé una dedicatoria con una falta de ortografía producida por esa dislexia que en mi infancia me hacía confundir el 12 con el 21 y me obligaba a pasar una hora más en clase todos los días. Más  tarde, a medida que fui creciendo mi dislexia se complicó y comencé a escribir juntas palabras que iban separadas y viceversa.  Al final acabó degenerando en escribir palabras inventadas al mezclar palabras similares con significados distintos  o en cambiar de sitio las letras de una palabra. Quiero aprovechar este momento para pediros perdón a todas aquellas personas que recibís un tachón o una falta de ortografía en vuestras dedicatorias por culpa de mi dislexia.
La siguiente persona a la que visitamos fue a José María, un joven músico que intenta transmitir sentimientos con su música sin necesidad de usar una sola palabra y que nos transmitió su admiración por todas aquellas personas capaces de escribir una historia, pues él que ha intentando en más de una ocasión escribir una canción con palabras ha visto la dificultad que entraña y al final no ha conseguido llegar a término. La primera vez que llamamos a su puerta nos abrió su mujer y él vino tras ella a interesarse por el libro. En aquella ocasión nos compraron el libro y nos alentaron a seguir adelante, mostrándonos su apoyo y admiración por lo que estábamos haciendo, pues sabían de la dureza de vender nuestro libro puerta por puerta. En esta ocasión José María no fue más escueto sino todo lo contrario, una vez que él y su mujer habían leído la primera parte de la historia estaban encantados con ella y deseando leer la continuación. Nos alabó tanto y apoyó con sus palabras que una vez más me emocioné y mis ojos se llenaron de lágrimas.
Después pasamos por casa de Neftalí, curioso nombre para un español, que a mí personalmente me gusta, aunque no lo había oído nunca en un español. El mismo Neftalí no salía de su sorpresa y no entendía  por qué su madre había decidido ponerle aquel nombre cuando nada tienen que ver con ninguna cultura de origen hebreo. Lo cierto es que a Neftalí no lo conocimos en un primer momento sino que fue su pareja Carmen la que nos había atendido en la puerta de su casa. Frente a la imposibilidad de adquirir el libro en aquel momento nos había pedido nuestro número de teléfono. Nos despedimos de ella y nos fuimos a otro edificio. Minutos más tarde, recibo una llamada de un chico que dice ser la pareja de Carmen y nos pide por favor que volvamos a pasar por su casa, pues quiere regalarle nuestro libro a su pareja. Al regresar, nos confiesa que su pareja se acaba de marchar y que él quiere regalarle el libro.
Cuando volvimos a pasar por casa de Neftalí nos dijo que no estaba seguro de si Carmen había terminado el libro, pero que si sabía que estaba bastante entusiasmada con él, pues con frecuencia le contaba algo de el libro, algo que él no quería oír porque le quita la intriga si al final él decidía leerlo, aunque nos confeso que en su empleo de informático tenía que leer muchos textos en inglés y llegaba saturado a casa de tanta lectura. Es un chico encantador este Neftalí, estuvimos una media hora hablando con él, nos compró la segunda parte del libro, reconoció nuestra labor, nuestro esfuerzo y nos deseó toda la suerte del mundo.

Esta es una pequeña muestra de las fantásticas personas que nos encontramos de vez en cuando en nuestra aventura de difundir nuestro libro.

En el camino también nos hemos encontrado con lectores que, a veces nos dejan que le contemos de qué va el libro y en otras ocasiones ni siquiera nos dejan hablar, aunque coinciden en decirnos que ellos no leen ningún libro a menos que se lo recomiende alguien o sea conocido. Algunos incluso nos dicen “no es por desmerecer tu trabajo, pero no leo libros si no tengo una referencia”, imagino que así piensan que no te hacen daño, pero sienta muy mal que te digan esas cosas, porque sean conscientes o no, dan a entender que, como el autor es el que vende directamente el libro por la calle, el libro no debe ser bueno. Si un autor conocido y de renombre llamase a su puerta ofreciéndoles su libro lo comprarían sin pestañear, pero seguirían sin tener la garantía de que la historia les fuese a gustar, eso sí, se sentirían orgullosos al relatar como el escritor llamó a su puerta.
Personalmente he leído libros con el membrete “Best seller” que a mi juicio no valen eso, he leído libros  recomendados que no me han gustado nada. Es cierto que un libro recomendado puede tener cierta garantía, pero no siempre es así, puesto que es muy difícil gustar a todo el mundo.
Os he puesto algunos ejemplos de personas a las que les ha gustado la historia, pero también las hay a las que no les ha gustado, es algo lógico y normal, no todos tenemos el mismo gusto.
Hace unos días, visitamos a un hombre para ofrecerle la 2ª parte y a la pregunta: ¿le ha gustado el libro? Nos respondió:”regular, demasiada fantasía para mi gusto. No voy a querer la 2ª parte”.
Si lo pensamos un momento, vivimos constantemente en un mundo de fantasía, pues nuestra mente está continuamente elaborando hipótesis, ilusiones, expectativas que son en sí fantasías y que sólo se convierten en realidad si día a día encaminamos nuestro trabajo, nuestro esfuerzo y nuestra ilusión en hacer realidad esas fantasías: un trabajo mejor, una pareja a la que querer y que me quiera, una casa en el campo, llevarme bien con mis hijos, ser feliz aunque el día a día haga que me cueste llegar a fin de mes.

La vida tiene mucho de fantasía y, a veces, la fantasía de los libros tiene mucho de realidad.

Tampoco hace mucho que visitamos a una chica para ofrecerle la 2ª parte. La primera vez que la vimos nos recibió muy cordialmente, nos compró el libro y nos indicó en qué puerta podían comprarnos el libro. Pues bien, cuando volvimos y tocamos el telefonillo, nos dijo que empezó a leer el libro y no lo acabó. Nos dijo como con miedo que no quería la 2ª parte y nos quedamos alucinando por el trato recibido, pues parecía que la chica al hablar con nosotros había estado hablando con el mismo demonio. Digo esto, porque es lo que sus palabras nos hicieron sentir, transmitían miedo y desconfianza. No entendemos por qué, parece que el libro le dio miedo y no lo acabó.

En alguna que otra ocasión nos han dicho que el libro es muy infantil. La verdad es que no veo qué tiene de infantil, a menos que se refieran a que es muy fantasioso. En ese caso admito, que tiene fantasía, pero no todo lo que parece fantasía en el libro lo es, hay mucho que, aunque no lo parezca, es real.


Muchas gracias a tod@s por vuestro apoyo.

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